Posted by on Nov 27, 2012 in |

Esta instalación, que imita la maquinaria y los procedimientos de la investigación biocientífica, está formada por un conjunto de dispositivos de vidrio tubular fabricados a medida y suspendidos verticalmente, a la altura de los ojos, de una estructura en forma de varilla metálica que les suministra energía. El componente nuclear de cada uno de los tubos de vidrio —dispuestos de manera que los espectadores puedan desplazarse entre ellos y experimentarlos desde todos los ángulos— es un único cabello humano. Cada uno de estos «transductores» de vidrio contiene también un conjunto de dispositivos mecánicos diminutos, formado por un disparador y un lector fabricado a base de placas de circuitos impresos personalizadas y dotadas de componentes electrónicos, así como los medios necesarios para producir una respuesta vibratoria audible basada en la lectura del ADN capilar. Los especímenes biológicos generan así un paisaje sonoro en el que, al deambular entre los transductores, se oyen vibraciones exclusivamente únicas que contribuyen a esta polifonía de cabellos humanos. Los visitantes pueden regalar sus propias muestras codificadas para futuras exposiciones y registrar la donación en un archivo consultable. En este mantra de estética pseudocientífica, el cabello se encuentra literalmente instrumentalizado como un repositorio de la identidad. La instalación funciona metafóricamente en varios niveles interrelacionados, combinando los criterios de medición ortodoxos de las salas limpias de los laboratorios con el misticismo de los santuarios religiosos que albergan reliquias sagradas, y el zumbido de estas máquinas perfectamente precisas transmite la frágil singularidad de los despojos humanos.