Posted by on Oct 16, 2013 in |

Esta fascinante instalación nos dirige hacia  los anchos de banda sonoros en los que normalmente no reparamos, porque tendemos a experimentarlos de manera periférica como “ruido blanco” ambiental o porque de hecho no podemos oírlos. Al tiempo que Rotes Rauschen emite zumbidos, generando una vibración físicamente palpable porque abarca fuertes bajas frecuencias, sincroniza metafóricamente a los espectadores con un mundo de ruido rojo. La obra enfatiza el esquivo ambiente infrasensorial de vibraciones, temblores y ruidos del suelo que habitualmente no atraviesan el umbral de nuestra limitadacapacidad sensorial. La instalación funciona como un “órgano sensorial escultórico” y como instrumento sísmico. Una escultura oblonga curva está suspendida en el espacio. Tiene una forma irregular, desigual incluso, porque su contorno se basa en la información gráfica proporcionada por un sismómetro que está en el suelo. La escultura se convierte en una especie de oído atento a todos los elementos del lugar donde se encuentra, incluido el entorno inmediato, la ciudad que queda fuera y la presencia de los propios espectadores. Los datos sísmicos se transmiten desde un péndulo en el eje vertical del sismómetro, atravesando tres cables hasta la escultura. Lo que ocurre en la instalación sucede sobre todo cuando un espectador se adentra en la escultura y se ve envuelto por ella: cuando se transmiten datos, los cables se contraen y expanden, generando resonancias sonoras; la escultura también cambia de forma teniendo en cuenta la intensidad de la actividad sísmica, y, debido a ella, el zumbido del ruido rojo se amplifica de forma distinta para cada espectador que se encuentra envuelto por este dispositivo idiosincrático para conectar con la tierra.