Posted by on Mar 26, 2013 in Artículo | 0 comments

Los días 15 y 16 de noviembre de 2012, el auditorio del Espacio Fundación Telefónica acogió un encuentro de expertos que trataron desde diferentes perspectivas el concepto de vida artificial y los retos que plantean las actuales investigaciones en disciplinas como la robótica, la biología sintética y el arte.

En la primera parte de este resumen del seminario hemos examinado las reflexiones de Gusz Eiben y Rolf Pfeiffer en torno a la robótica y la evolución artificial. En esta segunda parte, revisaremos las ponencias “Vida artificial, un viaje personal” de Steen Rasmussen, Director del Center for Fundamental Living Technologies, FLinT, University of Southern Denmark, “Biología Sintética: más allá del límite de la evolución” de Ricard Solé, Director del Laboratorio de Sistemas Complejos e investigador ICREA en la Universidad Pompeu Fabra, Barcelona y “El reto de la vida artificial” de Álvaro Moreno, Catedrático de Filosofía de la Ciencia en el Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad del País Vasco y fundador de IAS-Research Centre for Life, Mind & Society.

 

¿Qué es la vida?

Steen Rasmussen, Director del Center for Fundamental Living Technology, FLinT, University of Southern Denmark, recordó su participación en el primer encuentro sobre Vida Artificial que tuvo lugar en Los Alamos en 1987, por iniciativa de Christopher Langton, quien acuñó el término en 1986. La vida artificial parte del estudio de la vida y sus propiedades por medio de simulaciones informáticas, con el objetivo (según sugiere Langton) de crear nuevas formas de vida. Rasmussen hace referencia al conocido Juego de la vida, diseñado por John Horton Conway en 1970, indicando su influencia en la investigación posterior por su capacidad para mostrar comportamientos emergentes a partir de una serie de reglas sencillas. A este ejemplo añade otros experimentos en los que sistemas físicos y químicos simulan comportamientos propios de organismos vivos a partir de unos elementos mínimos. Esto le lleva a preguntarse cuál sería la definición (mínima) de la vida. Admitiendo que esta es una tarea sumamente difícil, Rasmussen propone la siguiente definición: “un sistema físico que puede transformar (empleando energía disponible) recursos en bloques de construcción, crecer, dividirse y evolucionar.” La vida es, por tanto, un proceso físico. Y puesto que un proceso físico puede simularse en un ordenador, es posible crear una simulación de la vida en el ordenador, si bien una simulación no es la vida real.

Artificial Life, a personal journey. Steen Rasmussen

 

Pero, por otra parte, si consideramos que parte de lo que supone estar vivo es la interacción entre el ser vivo y su entorno y que para un ser vivo simulado la realidad la constituye su entorno de la misma manera que nuestro entorno constituye nuestra realidad, podemos afirmar que la realidad virtual de la simulación y la realidad física tienen el mismo estatus ontológico. Si añadimos a esto que el proceso simulado en el ordenador tiene una existencia física en los electrones que se desplazan en los semiconductores, podemos llegar a considerar la simulación como una forma de vida real. Rasmussen explica a continuación los diferentes procesos por medio de los cuales se están investigando las formas de vida, ya sea creando formas de vida en el laboratorio, modificando células, buscando vida en el espacio exterior, generando vida artificial en simulaciones informáticas o desarrollando vida artificial en robótica. Por último, Rasmussen compara los seres vivos con el constructor universal de von Neumann, en cuanto son “lo más próximo a una máquina que puede hacerlo todo, incluidas copias de sí misma.” La máquina teórica ideada por el matemático John von Neumann no ha sido creada aún, pero se está pensando en las maneras en que podría crearse. En opinión de Steen Rasmussen, esto podría conseguirse por medio de la biología sintética. En un futuro, la existencia de “fabricadores personales”, máquinas capaces de crear cualquier cosa (desde medicinas a objetos), supondrá una nueva revolución en la vida del planeta.

 

Mitos y retos de la biología sintética

Ricard Solé, Director del Laboratorio de Sistemas Complejos e investigador ICREA en la Universidad Pompeu Fabra, presentó una serie de reflexiones acerca de la biología sintética, una disciplina que ha adquirido gran relevancia en los últimos años y ha generado, como otras ramas de la investigación científica, una serie de mitos y expectativas acerca de sus posibles logros y peligros. Solé indica que la biología sintética, al introducir funciones nuevas en los sistemas biológicos, permite explorar fronteras antes inalcanzables e incluso romper las reglas de la evolución. El físico y biólogo considera que la biología sintética plantea preguntas importantes acerca de la propia definición de la vida, la posibilidad de crear células artificiales a partir de la química inerte o la capacidad que se puede llegar a desarrollar para romper las limitaciones evolutivas vinculadas a la supervivencia de las células, su identidad, envejecimiento y muerte. Repasando la historia de la vida artificial, desde los autómatas mecánicos de los siglos XVIII y XIX (tales como el Turco de Wolfgang von Kempelen o el pato mecánico de Jacques de Vaucanson) y el famoso mito de Frankenstein a la ingeniería genética, Solé se detiene en el constructor universal de von Neumann (también mencionado por Steen Rasmussen). Señala que John von Neumann, mucho antes del desarrollo de la biología molecular y el descubrimiento del ADN, concibe ya que todo objeto capaz de replicarse a sí mismo debe tener una descripción interna de su estructura y al replicarse debe copiar su envoltura más esa descripción, que es precisamente lo que encontramos en una célula.

El modelo de von Neumann sería por tanto, según Solé, el único modelo posible para construir una célula, si esto puede conseguirse algún día. Este modelo, creado por un matemático, indica la manera en que la biología se ha ido acercando progresivamente a la computación y a la concepción de la célula como un ordenador complejo. A ello han contribuido la concepción de la célula como una máquina de Turing y la distinción entre sistemas vivos y sistemas físicos propuesta por el científico John Hopfield, quien afirma que los primeros se distinguen de los segundos por llevar a cabo computaciones de algún tipo. La ingeniería ha aportado así nuevas maneras de entender los procesos de la biología, pero también ha conducido a algunas concepciones erróneas. Como señala Roberta Kwok en el artículo “Five Hard Truths for Synthetic Biology”, publicado en la revista Nature, los sistemas vivos son mucho más complejos e impredecibles que los circuitos electrónicos, por lo cual, si bien la ingeniería y la computación aportan nuevas maneras de entender los sistemas biológicos, su manipulación dista de ser sencilla y predecible. En este punto, según indica Ricard Solé, es preciso repensar la computación y buscar otros ejemplos de comportamiento emergente, como por ejemplo el de las colonias de hormigas, o soluciones que van más allá de la concepción de un circuito cerrado en el que cada elemento tiene una única función posible. La biología sintética, por tanto, se enfrenta a grandes retos y dificultades, que de momento la alejan de las expectativas generadas inicialmente. No obstante, esta disciplina puede ser la única que ofrezca soluciones para problemas globales como el cambio climático, el cual, según Solé, se podría contrarrestar creando un sistema artificial vivo que restaure el equilibrio medioambiental.

 

El reto de la vida artificial

Álvaro Moreno, Catedrático de Filosofía de la Ciencia en el Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad del País Vasco y fundador de IAS-Research Centre for Life, Mind & Society, centró su intervención en la exposición de una serie de retos e interrogantes que plantea la vida artificial. En primer lugar, define la vida artificial como “el intento de fabricar vida, y de hacerlo científicamente”, y señala las dos corrientes existentes en las líneas de investigación actuales. Por una parte, están las que denomina “débiles” o “triviales”, que buscan modificar lo vivo, como es el caso de la ingeniería genética. Por otra parte, las líneas de investigación “fuertes” o “no-triviales”, como la vida artificial computacional, la robótica autónoma y evolutiva o la biología sintética, pretenden crear vida artificialmente. En esta última corriente se trabaja con una concepción ampliada de la vida, que abarca también a los seres artificiales que desarrollan las mismas capacidades de los seres vivos: aprender, evolucionar, tener comportamientos colectivos y reproducirse (Moreno cita el ejemplo del modelo Tierra de Thomas S. Ray). La vida artificial se ha ido investigando por dos razones: por una parte, la necesidad humana de comprender el entorno manipulándolo y por otra la tendencia a poner la Naturaleza a nuestro servicio. “Queremos emular a los seres vivos”, afirma Moreno, “porque que son capaces de hacer cosas mucho más extraordinarias que nuestras máquinas artificiales.” El concepto de vida artificial lleva también a plantear qué es lo artificial y qué es lo vivo: podemos afirmar que lo artificial es lo hecho por el hombre manipulando y transformando lo natural (y externo a nuestro cuerpo) de manera consciente y con un propósito específicamente humano; lo vivo es lo que está organizado por sí (sujeto) y para sí (objeto) mismo: la materia viva se auto-repara, se auto-produce, se auto-reproduce, se auto-organiza. La acción de manipulación que acarrea lo artificial supone ejercer un control externo que inevitablemente generará un conflicto con la necesaria autonomía del organismo vivo.

El reto de la Vida Artificial. Álvaro Moreno

 

La vida artificial, por tanto, incorpora una tensión interna que se suma a las dudas que plantea su aplicación: ¿hasta qué punto puede ser diferente la vida artificial? ¿Desafiará nuestro concepto de vida? ¿Con qué criterios podríamos decir que algo nuevo en esta línea de investigación merece el término de “vivo”? ¿Hasta qué punto podríamos controlarla? En este punto, Álvaro Moreno plantea una serie de posibles consecuencias que establece en dos niveles: a nivel constitutivo, se podría producir una librería de organismos artificiales al servicio de nuestro cuerpo (células que reponen tejidos, etc). Esto llevaría a un grado tal de integración de nuestro organismo con ellos que surgiría una nueva entidad socio-tecno-biológica, fuera de la cual nuestra vida ya no sería posible, y nadie sabe qué consecuencias puede tener eso. A nivel interactivo,  Moreno advierte que cuando inventamos una tecnología nos hacemos tan dependientes de ella que no podemos volver atrás. Por tanto, podemos llegar a ser tan dependientes de la vida artificial, que se produciría una dependencia mutua entre nuestro cuerpo y los organismos que habríamos creado para mejorarlo. Por otra parte, y haciendo referencia al uso de organismos para revertir la devastación ecológica que mencionó Ricard Solé en su intervención, Moreno indica que  una empresa de estas características implicaría grandes poblaciones y grandes procesos energéticos en entornos no controlados, cuyas consecuencias no pueden preverse. Álvaro Moreno concluye su intervención con una grave advertencia respecto al desarrollo de la vida artificial: por medio de esta nueva tecnología, nos estaremos cambiando a nosotros mismos y a la biosfera, tal vez terminando con el concepto de vida natural. Esto se producirá de forma gradual, en países más desarrollados, con grandes consecuencias sociales y económicas. Lo cual también puede aumentar enormemente la desigualdad a nivel humano, social, político y económico.

En el próximo artículo dedicado al Seminario Internacional Vida Artificial examinaremos las reflexiones acerca de la vida artificial, la biología sintética y la historia del certamen VIDA Arte y Vida Artificial que han realizado los ponentes Karin Ohlenschlager y Jens Hauser.