Posted by on Jul 22, 2014 in Artículo, Noticia | 0 comments

 

Consagrado a examinar el futuro de los alimentos trazando sus controversias actuales y buscando otras alternativas biodiversas, el Center for Genomic Gastronomy explora los genomas y la biotecnología que configuran nuestros sistemas alimentarios. Esta búsqueda, dirigida por los artistas, diseñadores y comisarios Cat Kramer y Zack Denfeld ha generado una variada producción, desde conferencias públicas hasta representaciones, exposiciones y cenas en las que el público se enfrenta a hechos desconocidos sobre los alimentos que ingiere. Creando conciencia sobre la cultura gastronómica y el modo en el que se manipulan los alimentos, su objetivo es construir un sistema alimentario mejor y más sostenible en el futuro.

 

Vuestro trabajo se ocupa de lo que vosotros llamáis “diseño especulativo de alimentos”, utilizando herramientas de diseño para especular sobre cocinas alternativas de sistemas alimentarios del futuro. Diferenciáis entre el “diseño especulativo de alimentos expresionista”, que genera una ficción y el “diseño especulativo de alimentos materialista”, en el que se ingiere comida real. ¿Cuál de ellos es más eficaz, en vuestra opinión, a la hora de transmitir el objeto de vuestra investigación? ¿Cómo decidís entre uno u otro?

Una de las cosas que más nos interesan es ayudar a la gente a implicarse de lleno cuando imagina el futuro. Por lo tanto, mientras que tan solo podamos tener imágenes de comida (lo que sería más un diseño expresionista sobre el futuro de los alimentos), la base más materialista sería “¿qué tenemos a mano hoy día que podamos probar, oler y tocar?” Un ejemplo de este último enfoque es el Glowing Sushi (Sushi brillante). Este proyecto trata sobre organismos modificados genéticamente. Hay muchos proyectos que consisten en imaginar un futuro de alimentos brillantes, por lo que pensamos: “actualmente existe un pez brillante y se vende como mascota, por lo que probablemente podamos usarlo como comida. Es un pez, así que, ¿por qué no?” Al convertir el pez brillante en sushi y ofrecerlo a la gente como comida estamos forzando al público a tratarlo con su cuerpo, no solo con sus ojos. Hemos servido el sushi brillante en los Estados Unidos y la gente hasta lo ha probado, lo que implica algo mucho más polémico y real que una mera fotografía de ello. Pero ambas estrategias pueden ser bastante efectivas, por lo que habitualmente probamos con ambos extremos.

 

Uno de los aspectos fundamentales del proyecto “Glowing Sushi” es que resulta posible hacerlo hoy en día, y no simplemente especular sobre ello. Es algo más político, puesto que, en él, estamos señalando distintas fuerzas que existen en la actualidad (ya sean económicas o biológicas) y las llevamos a un contexto futuro, en lugar de construir una historia totalmente imaginaria o de ciencia ficción. Otro ejemplo es el revuelo que se ha formado en la actualidad en torno al hecho de comer insectos: hay mucha especulación sobre si en el futuro todo el mundo comerá insectos y si será una nueva y sostenible fuente de proteínas. Sin embargo, en el momento en el que pruebas y le sirves a alguien insectos, la reacción suele ser negativa, por lo que puede decirse que los insectos pertenecen al futuro tanto como se quiera, pero a menos que encontremos una forma apetecible de presentarlos, esto no va a hacerse realidad. Por lo tanto, existe una diferencia sustancial entre una mera especulación y probar lo que puede ser el futuro de los alimentos.

 

Glowing Sushi. The Center of Genomic Gastronomy.

Glowing Sushi. The Center of Genomic Gastronomy.

A través del diseño creáis una “simulación viable de una realidad posible”,·que convierte el escenario especulativo en algo mucho más real. ¿Implica esta puesta en escena una afirmación del escenario posible, en el sentido de que podría conducir al público a aceptar la situación que se le presenta?

Eso siempre es un riesgo real en el trabajo crítico o la sátira. Por ejemplo, en De-extinction Deli (Delicatessen de des-extinción), exploramos las posibilidades y los riesgos que implica el movimiento creciente de recuperar (y probablemente comer) especies extintas. En este caso, nuestro objetivo no es el público en general, sino realmente el movimiento de des-extinción. En este proyecto ponemos en escena un futuro absurdo en el que llevamos adelante la idea de recuperar estos animales extintos por la intervención humana sobre sus hábitats, simplemente para convertirlos en alimento para los humanos. Se trata de una sátira extrema en ese sentido. Pero, por supuesto, siempre existe el riesgo de que alguien se lo tome en serio.

Trabajamos con el diseño como forma de adoptar un enfoque de cultura pop para captar la atención de la gente. Crear algo que las personas puedan reconocer hace que las historias subyacentes sean más fáciles de abordar. Para nuestras publicaciones elegimos imágenes que son familiares o atractivos por tener algo que la gente quiere leer y con lo que pasar algo de tiempo. Creemos que no hay que avergonzarse de hacer algo atractivo para un público más amplio. Cuando la gente conoce nuestro trabajo puede que en un primer momento se ría, sonría y señale, pero, de repente, su cara cambia y no sabe qué pensar: ese momento de confusión es el poder real de lo que hacemos, o eso esperamos. Las personas se sienten atraídas por algo que les resulta familiar, pero en cuanto se acercan un poco más, comienzan a preguntarse qué es lo que está pasando. Por lo tanto, definitivamente existe una estrategia intencional y, por lo que sabemos, algunas de nuestras estrategias pueden ser bastante eficaces.

Nos situamos a nosotros mismos entre los artistas y los hackers. A menudo, el arte está destinado a un público muy elitista, no está concebido para el público general y, en el lado opuesto, las wikis y la documentación, que están mucho más relacionadas con una cultura hacker, suelen contener tanta información que se vuelve impenetrable, por lo que intentamos encontrar un equilibrio entre estas dos culturas y utilizar el poder visual y la metáfora del arte, así como la pericia técnica, que es algo privilegiado en el mundo del hackeo.

 

Los proyectos que se emprenden en el Center for Genomic Gastronomy a menudo se dirigen al espectador de un modo lúdico. ¿Creéis que es algo necesario para captar la atención del público? ¿Es más efectivo que dar una conferencia?

 Sí, sin duda. Siempre es mejor adoptar un enfoque lúdico que tratar de instruir a la gente. Además, no siempre nos presentamos como artistas: si servimos comida en la calle puede que no mencionemos el arte, simplemente estamos sirviendo una extraña comida. Llegamos a las personas porque saben cómo interactuar con la comida que se vende en la calle. Por lo tanto, no hay necesidad de mencionar el arte, se trata de una versión diferente de comida de venta callejera.

 

Comer se ha convertido cada vez más en una actividad de ocio y de un modo de determinar la clase social a la que se pertenece, los valores y las creencias. ¿Cómo tratáis estos aspectos en vuestro trabajo? ¿Os centráis en un segmento del público concreto, teniendo en cuenta su nivel social, formación, etc.? ¿Cómo conseguís el equilibrio entre una experiencia formativa y divertida?

Cada proyecto que emprendemos está ideado para un público diferente y, a menudo, se trata de un público muy específico. En ocasiones nos interesa realizar una obra para un pequeño grupo de científicos de élite; puede que pensemos que podemos ayudarles a ser más críticos con su propio trabajo en la gran historia de la biotecnología, por ejemplo. En este caso se trataría de un proyecto para unas diez personas en una sala. Otras obras que hemos realizado, como Spice Mix Super-Computer (Súper ordenador de mezcla de especias), que era una caravana que viajaba por el Reino Unido ofreciendo mezclas de diferentes especias, en realidad estaba diseñada para cualquiera que pasara por allí y que con suerte lo encontrase interesante y empezase a pensar sobre su alimentación, independientemente de su clase social u origen étnico. Fue algo muy efectivo y divertido.

Encontrar un equilibrio entre la formación y el entretenimiento o la participación es una pregunta que sigue evolucionando para nosotros, aún no la hemos resuelto. Probamos distintas cosas y vemos lo que funciona. Discutimos mucho sobre ello, y una de las cosas que seguimos planteándonos es: ¿cómo sabemos que estamos consiguiendo nuestro objetivo? Por lo tanto, comunicarnos con los participantes y permitir que las personas planteen sus propias preguntas es algo muy importante para nosotros. No queremos ser simplemente unos artistas al margen, nuestro trabajo es más didáctico y, quizá, más político.

 

A la hora de desarrollar vuestros proyectos, puede que os hayáis encontrado trabajando con diferentes culturas alimentarias. ¿O acaso la globalización nos ha convertido en comedores globalizados?

Sí y no; viajamos bastante y existen profundas diferencias en el modo en el que se selecciona y presenta la comida en las diferentes culturas. Por ejemplo, en una ocasión estuvimos en Dundee (Escocia) durante dos semanas y literalmente todo lo que se podía encontrar entre donde nos alojábamos y el centro de la ciudad eran tiendas de “fish and chips”. Todo se freía, y eso era casi una muestra de orgullo. Hemos trabajado en el sur de Europa, en India y en el noroeste de Pacífico, y todos esos lugares tienen una cultura alimentaria específica que intenta reivindicar su tradición o mantenerla. Lo manifiestan de formas distintas: en el sur de Europa se trata más bien de un tradicionalismo conservador, mientras que en el noroeste del Pacífico en los Estados Unidos no existe esta larga historia, por lo que hay una cierta nostalgia por un pasado que en realidad nunca existió. En India, a menudo son las comunidades rurales las que comen platos tradicionales, mientras que en las áreas urbanas la globalización está a la vanguardia. Pero también existe un cierto respecto por la cultura alimentaria; así, por ejemplo en el McDonald’s en India no sirven carne de vacuno, solo pollo. Nuestras políticas cambian constantemente a medida que el escenario evoluciona, pero a lo que más tendemos es a resaltar la idea de la elección. Por consiguiente, esta idea también prevalece en nuestra obra, la de ofrecer más opciones y posibilidades, puesto que esto también podría ayudar a la biodiversidad agrícola y a adaptar la alimentación a las condiciones climáticas cambiantes.

 

Habéis dicho que “los consumidores de comida son agentes de selección”. ¿Aspiráis a crear una conciencia que cambie el futuro de la alimentación, consumidor a consumidor? ¿Se están adaptando las corporaciones a estos cambios de gustos y redirigiéndolos a sus productos?

Creemos que esa concienciación sobre lo que comemos es tremendamente necesaria, puesto que la alternativa es disponer de agencias internacionales de ayuda alimentaria o científicos que decidan qué productos son mejores para cada grupo de personas, en lugar de aprender de los demás y de involucrarnos en su diseño conjunto. No hay una manera de ser un buen comedor, el sistema alimentario está lleno de contradicciones, como por ejemplo cuando encontramos un sustituto de la carne en un producto que incluye un potente alérgeno. A veces nos limitamos a gesticular sobre cosas que nos atraen por su extravagancia y las distintas comunidades las interpretan de diferentes maneras. Por ejemplo, en nuestro proyecto Vegan Ortolan (Hortelano vegano) cogemos la receta más cruel que se pueda encontrar y trabajamos con chefs veganos para hacer una simulación de ella. No sabemos lo que significa, pero la gente expresó reacciones muy interesantes ante ella. A este respecto, el arte ofrece la oportunidad de probar cosas que, en primera instancia, podrían no tener sentido.

 

The Center of Genomic Gastronomy. VIDA 15.0. Fundación Telefónica, 2014.

The Center of Genomic Gastronomy. VIDA 15.0. Fundación Telefónica, 2014.

Vuestro proyecto ha ganado el premio de la elección del público, lo que implica que fue el más votado por los usuarios de Facebook entre las Menciones Honoríficas de la edición VIDA 15.0. ¿Por qué pensáis que vuestro proyecto fue el más votado?

Estamos muy orgullosos de ello porque parte de nuestro objetivo es hacer un arte convincente y no superficial, que tenga algo de profundidad. Pero también es importante para nosotros que un gran número de personas pueda identificarse con él o sacar algo de él. También es interesante porque creemos que estamos sacando a VIDA de su zona de confort, sugiriendo que la vida artificial puede existir más allá de la robótica, la biología o la tecnología. También nos alegra mucho formar parte de una exposición como VIDA 15.0 en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, pero nuestra pasión es trabajar en restaurantes o en la calle con la gente, haciendo representaciones, y por eso también es interesante sacar a VIDA de ese espacio sagrado que es la galería. En otra ocasión sería fabuloso hacer algo en un restaurante, o un carrito de comidas para poder llevar nuestra obra realmente de un modo más directo a la gente con la que queremos interactuar. Lo más interesante de esto es que, en la mayoría de las tecnologías o la robótica las cosas están estandarizadas, de modo que más o menos se puede trabajar con las mismas herramientas en cualquier lugar, pero con la comida siempre se empieza desde cero si intentas sensibilizarte con la región o el ecosistema local. Siempre que emprendemos un proyecto alimentario queremos obtener los mejores alimentos que nos podamos permitir, seleccionar los mejores granjeros, etc. Esto implica adoptar un enfoque completamente diferente en Madrid, Bangalore o Singapur, por ejemplo. Necesitamos tiempo para construir las relaciones adecuadas con los productores locales. Por lo tanto, si no tenemos tiempo, preferimos no hacer las cosas con prisas y comprar cualquier producto en el supermercado en unos grandes almacenes; eso es algo que a nosotros no nos sirve.

 

La cría mutagénica y los alimentos modificados genéticamente cuestionan los límites entre lo que consideramos natural y lo que consideramos artificial. ¿Cómo definiríais la vida artificial?  

Marshall McLuhan dijo “después del Sputnik, no hay naturaleza, tan solo arte”. Estamos de acuerdo con esta afirmación en la medida en la que consideramos que nuestro sistema alimentario al completo es vida artificial. Un tomate es, de forma genérica, un tomate redondo, pero no era así hace un centenar de años; tiene ese aspecto porque los humanos lo han manipulado para que sea de esa forma concreta. Por lo tanto, podría decirse que la vida artificial está en todas partes, en las estanterías de los supermercados.

Además, como nuestra tecnología se vuelve cada vez más apocada y biológica, ¿tendremos una vida artificial en veinte años? Quizá toda la vida será artificial en cierto modo y tendremos que replantearnos el propio concepto.