Posted by on Dic 22, 2014 in + VIDA, Noticia | 0 comments

 

Roger F. Malina es astrónomo y editor. Es profesor emérito de arte y tecnología en la Universidad de Texas (Dallas) donde está desarrollando una investigación en publicación experimental y un programa de I+D en arte y ciencia. Anteriormente ejercía el cargo de director del Observatorio Astronómico de Marseille Provence. Está especializado en instrumentación espacial; fue el principal investigador del satélite de la NASA Extreme Ultraviolet Explorer en la Universidad de California (Berkeley). También colaboró durante 25 años con la organización Leonardo, cuyo objetivo es promocionar y visibilizar el trabajo consagrado a explorar la interacción entre la ciencia y el arte, así como entre el arte y las nuevas tecnologías. Malina se ha incorporado al jurado de los premios VIDA en su última edición, VIDA 16.0. En esta entrevista, debate la colaboración entre el arte, la ciencia y la tecnología.

 

Durante más de 30 años ha colaborado activamente con distintas organizaciones, como Leonardo, que se dedican a explorar la interconexión entre el arte, la ciencia y la tecnología. Durante estos años, las “dos culturas” que describió C.P. Snow se han transformado en una compleja y enriquecedora red de colaboraciones interdisciplinares. ¿Qué es lo que ha motivado este cambio y hacia dónde se dirige? ¿Pueden desarrollar el arte, la ciencia y la tecnología una interdependencia mutua?

Desde la Segunda Guerra Mundial hemos sido testigos de una transformación absoluta de la situación presentada por Snow como “las dos culturas”. La buena noticia es que la situación ha cambiado verdaderamente, sobre todo a lo largo de la última década. Uno de los motivos es la aparición de una cultura digital, que ha propiciado que artistas y científicos a menudo utilicen las mismas herramientas (lo que, a su vez, conduce al desarrollo de unas estrategias de resolución de problemas, unos vocabularios, metáforas, etc., comunes), así como la apariencia de los artistas, que disponen de una muy buena formación científica (a veces me encuentro con artistas que tienen mejores conocimientos científicos generales que algunos de los limitados científicos que conozco).

Al mismo tiempo, nuestros sistemas educativos (tanto el secundario como el universitario) tienden a sesgar a los alumnos en disciplinas de pensamiento desde etapas tempranas, cuando a continuación, en el nivel de investigación o en el campo de Investigación y Desarrollo corporativo, se espera de ellos que sean multidisciplinares y estén enfocados a la resolución de problemas (p. ej., el cambio climático o la sostenibilidad son una combinación de problemas científicos, culturales y sociopolíticos). Necesitamos expertos disciplinares, pero también necesitamos más expertos multidisciplinares de los que se forman actualmente en nuestros sistemas escolares. Los sistemas educativos están atravesando rápidas transformaciones, especialmente teniendo en cuenta que existen numerosas posibilidades de formación vocacional disponibles en la red.

 

Da la sensación de que, en la actualidad, la sociedad está inevitablemente orientada hacia la tecnología; como bien has comentado, el mundo está cambiando rápidamente, mientras que la cultura se va adaptando poco a poco. ¿Qué función desempeña el arte en este contexto?

Hemos comenzado la era antropócena, caracterizada por un rápido cambio en el entorno y la ecología, motivado por nuestra civilización. En el pasado, las culturas “se adaptaban” a los cambios climáticos a lo largo de millones de años; había algunas que ganaban y otras que perdían, pero el cambio cultural era más rápido que el cambio climático, con la excepción de catástrofes naturales como impactos de asteroides. Ahora sabemos que nuestro entorno planetario está cambiando a una escala temporal de siglos, e incluso décadas en algunos lugares (por ejemplo, la sequía que amenaza algunas regiones de EE. UU.).  Esto implica que la cultura se convierte en una herramienta activa de adaptación: hay quien lo ha denominado las “hard humanities” (humanidades difíciles), de modo que todos los aspectos del arte y la cultura se convierten en una cuestión socioeconómica. Aquellos artistas que se adaptan en primer lugar pueden llevar a cabo una apropiación cultural profunda y una recontextualización de la ciencia y, con ello, de la tecnología. Actualmente hablamos de muchas ciudades como “ciudades inteligentes”, lo que también despliega la industria creativa como parte de la estrategia de evolución de las ciudades para adaptarse a esta situación de cambio.

 

Una vez preguntó quién sería el “Cézanne” del cambio climático, el “Picasso” del genoma humano o el “Leonardo” de las nanociencias. ¿Implica eso que los proyectos artísticos deberían servir como puentes culturales hacia los últimos desarrollos de la ciencia y la tecnología, o puede el arte aportar su propio modo de investigación?

Hay un poco de cada. Por una parte, los jóvenes cuentan con su propia imaginación cultural, que se ve alimentada por las experiencias que adquieren (cine, videojuegos, deporte, etc.). Estas proporcionan impulsores motivacionales (la imaginación cultural precede a los intereses profesionales de los jóvenes), de modo que la imaginación cultural se enriquecerá en la medida en la que el arte y la cultura se apropien de la ciencia y la tecnología. Al mismo tiempo, la ciencia y la tecnología van hacia la dirección opuesta, conduciendo a nuevas formas de creatividad artística. Como resultado, los artistas pueden abrir nuevos caminos a la tecnología, e incluso a la ciencia. Existe la necesidad de fomentar un intercambio entre el arte y la ciencia, y viceversa.

 

Hace diez años abogó por una “razón de peso” en la interacción entre el arte y la ciencia, que podría conducir a una ciencia distinta o mejor. Una década más tarde, ¿cómo se está desarrollando esta posibilidad? ¿Se están convirtiendo las iniciativas y debates actuales sobre la transformación de STEM en STEAM en un paso decisivo hacia la consecución de este objetivo?

Muchos científicos que conozco conciben el arte como una herramienta útil para comunicar la ciencia o para ilustrar los resultados científicos. Rara vez piensan que el arte conduce verdaderamente al desarrollo de una nueva ciencia, pero Robert Root Bernstein ha demostrado que los artistas e ingenieros de mayor éxito (en comparación con la población general) están muy comprometidos con actividades que implican una vocación artística: su propia práctica en el campo de la investigación se alimenta de sus ideas y vocaciones artísticas. Además, se ha dado una serie de colaboraciones entre artistas y científicos que han resultado en nuevos descubrimientos científicos (como ejemplo podemos tomar la obra deBrandon Ballangée con ranas o de David Dunn sobre bioacústica). El movimiento STEM to STEAMse basa en los resultados de Root Bernstein y expone que es preciso integrar el arte y el diseño con la enseñanza del manejo de STEM (microscopios electrónicos de barrido) en la escuela primaria y secundaria; se trata de una perspectiva alentadora.

 

Djerassi Program Artists Barn (California). Fuente: Djerassi Foundation.

Djerassi Program Artists Barn (California). Fuente: Djerassi Foundation.

Usted tiene una amplia experiencia con muchas iniciativas que exploran la interacción del arte y la ciencia, como festivales, simposios y entregas de premios. Con esta perspectiva, ¿cuál diría que es la aportación más relevante de los premios VIDA durante los últimos 15 años?

Los premios VIDA han tenido una importancia excepcional, puesto que han llamado la atención sobre el modo en el que nuestros conceptos de vida, de seres vivos, han evolucionado rápidamente desde la década de los 50 (las dos áreas principales que han tenido este gran impacto han sido, posiblemente, la informática y la genética). Los premios VIDA han defendido la obra de artistas en los diversos ámbitos que tratan la evolución de las ideas sobre la vida, tanto artificial como biológica. Inicialmente, el certamen de premios Ars Electronica abordaba esta perspectiva en el arte digital. De este modo, los concursos VIDA y Ars Electronica han sido importantes vectores para hacer visible el trabajo de algunos de los pioneros y profesionales más jóvenes.

 

Usted ha afirmado que mientras que los científicos trabajan necesariamente en el marco de una red internacional de expertos, los artistas tienden a trabajar en redes locales. A menudo estos tampoco tienen acceso al equipo o a los recursos de los que dispone un laboratorio de investigación. ¿Cree que las iniciativas actuales, como las residencias en laboratorios para artistas y los medialabs están cambiando esta situación?

Todos confiábamos en que Internet iba a cambiar realmente nuestras estructuras de redes sociales dentro de nuestras comunidades; pero, de hecho, resulta un poco desalentador ver cómo Internet a menudo conduce a lo que se denomina homofilia. Los lugares físicos como las residencias en laboratorios para artistas son cruciales para desbloquear colaboraciones y conexiones inverosímiles. En la actualidad estamos presenciando una proliferación de lugares así: lo último son las residencias Leonardo-Djerassi Art Science de la Djerassi Foundation, en Silicon Valley, (el propio Djerassi es investigador médico e inventor de la píldora, así como un experimentado dramaturgo). Estas residencias acogen a grupos mixtos de científicos y artistas. Recientemente, también hemos iniciado el sistema en línea Creative Disturbance, con el objetivo de probar y de trabajar más estrechamente con estos individuos híbridos cuya obra tiende puentes entre la ciencia y el arte.

 

VIDA presentó el año pasado el Incentivo Telefónica I+D, que ofrece a los artistas la posibilidad de aprovechar los recursos del laboratorio de I+D de la compañía para desarrollar sus proyectos. En línea con la pregunta anterior, ¿cuáles serían, en su opinión, los objetivos que debería perseguir este particular certamen?

XEROX Parc, dependiente durante muchos años de Rich Gold, tenía el programa PAIR, que daba acceso a los artistas de las residencias a instalaciones especializadas. El programa CERN de Ginebra también está empezando a hacer algo parecido. Lo importante es proporcionar el suficiente “tiempo y espacio libre” para que pueda tener lugar la exploración. Orange telecom ha llevado a cabo algunos proyectos de éxito en los que veían a los artistas como “los primeros adaptados” y a partir de los cuales extraían conclusiones sobre nuevas vías para las escuelas de arte y diseño, así como para que los laboratorios de I+D corporativos ofreciesen oportunidades de investigación libre (véase la obra de Emmanuel Mahé, actualmente director de investigación de la escuela Paris ENSAD de arte y diseño).

 

Portada del libro Meta-Life. Biotechnologies, Synthetic Biology, ALife and the Arts. Fuente: synthbioart.texashats.org

Portada del libro Meta-Life. Biotechnologies, Synthetic Biology, ALife and the Arts. Fuente: synthbioart.texashats.org

El certamen VIDA premia los proyectos artísticos que exploran el concepto de la vida artificial. ¿Cómo definiría este concepto?

Tal y como he expuesto anteriormente, creo que puede decirse que en los años 50 tuvieron lugar dos importantes descubrimientos: se inventó el ordenador digital y Watson y Crick descifraron el código genético. En las décadas de los 80 y los 90 tuvo lugar otro avance, el desarrollo de las ciencias de la complejidad, lo que nos ayudó a entender la cantidad de niveles de comportamiento que pueden surgir a partir de unas reglas elementales. Más recientemente ha aparecido la biología sintética, que ha permitido diseñar materia orgánica. En un reciente libro electrónico (que incluía al miembro del jurado, Nell Tenhaaf) acuñamos la palabra “meta-life” (meta-vida) para hablar de las diversas maneras en las que se diseña el material que se comporta como materia “viva”, tanto en el espacio digital como en el orgánico (los nanocientíficos lo hacen incluso en la escala atómica). El concurso VIDA, que en sus inicios se centraba en el nuevo campo de la vida artificial, ha evolucionado de la mano de la comunidad artística para abordar todas las formas de intervención artística y de apropiación de la materia que se comporta como la vida orgánica tradicional.