Posted by on Abr 9, 2013 in Artículo | 0 comments

En 2005, el colectivo artístico suizo etoy.CORPORATION lanzó Mission Eternity, (primer premio en VIDA 10.0), un ambicioso proyecto de varias décadas de duración cuyo objetivo es explorar la vida después de la muerte a través de un sistema que permite conservar archivos digitales relativos a la memoria de diversas personas. Los artistas parten del hecho de que todo lo que queda de una persona cuando muere son sus restos físicos y una determinada cantidad de información. Según afirman:

“Los muertos continúan existiendo como biomasa y huellas en la memoria global: en bases de datos gubernamentales, archivos familiares, registros profesionales, y en datos emocionales conservados como impulsos eléctricos en la bio-memoria de nuestra red social.”

Esta existencia posterior a la muerte de la persona puede mantenerse y hacerse visible gracias a los actuales medios de conservación y difusión de archivos que permiten los soportes digitales y las redes de datos. Por ello, etoy crea para este proyecto una serie de dispositivos y estructuras de trabajo y colaboración que faciliten la conservación de los datos relativos a un número determinado de personas durante un largo período de tiempo (teóricamente, para siempre). Si bien se presenta como un servicio de una gran corporación (comparable con el que ofrecen otras empresas, como las que recoge esta lista del blog Digital Beyond), Mission Eternity es de hecho un proyecto artístico, que se integra en el circuito del mundo del arte y plantea cuestiones acerca de la manera en que nos enfrentamos al tiempo, la memoria y la muerte en la sociedad de la información. Los artistas se han propuesto dedicar un largo período de tiempo a este proyecto, en contra de la tendencia que marca la constante búsqueda de novedad y el desarrollo de iniciativas a corto plazo, que potencian el impacto de las nuevas tecnologías pero no permiten reflexionar sobre ellas. En este sentido, se plantean también los problemas que tiene el arte actual al enfrentarse a su historia, su conservación y posible pérdida en un momento en que la cantidad de información y contenidos que circula globalmente supera la capacidad de cualquier público, institución o medio de comunicación.

Mission Eternity se estructura en base a una serie de dispositivos y colaboradores:

    • Cápsulas M∞ Arcanum: almacenes de datos en los que se conserva un “retrato digital” de una persona (denominada “M∞ Pilot”), formado por imágenes, textos, grabaciones de voz, mensajes del difunto para la posteridad, datos de redes sociales y un largo etcétera. Los contenidos de estas cápsulas se realizan bajo la supervisión del equipo de etoy.
    • M∞ Pilots: son las personas que han accedido a conservar sus datos en Mission Eternity. El proyecto se inició con dos “pilotos de pruebas”, el empresario suizo Joseph Keiser y el escritor Timothy Leary (fallecido en 1996), cuyos datos (y también parte de los restos mortales de Leary) se incorporan al archivo y los dispositivos de Mission Eternity. etoy tiene planeado trabajar con un máximo de 64 pilotos hasta 2016.
    • Software y colaboradores M∞ Angels: para asegurar la conservación de los datos recogidos en las cápsulas Arcanum, etoy ha decidido que el mejor método es distribuirlo entre los ordenadores de un gran número de colaboradores (actualmente, 1.454) por medio de un programa de software libre que crea una red de distribución P2P entre los participantes. Los “Ángeles M∞” dedican así una parte de su disco duro a conservar estos datos, mientras el programa controla que la totalidad de los datos conservados se encuentran alojados en varios ordenadores en todo momento.

M∞ Bridges:

      la forma física del proyecto la aportan una serie de objetos que establecen un puente con el espacio de la memoria por medio de dispositivos técnicos y acciones artísticas. Según indican los artistas: “los M∞ BRIDGES explotan la estructura estable y bien organizada de las colecciones de arte, librerías y museos para alojar y mostrar las ARCANUM CAPSULES a largo plazo.” El primero de estos objetos ha sido el denominado

M∞ SARCOPHAGUS

    , un contenedor de 6 metros de largo cuyas paredes interiores están cubiertas por una gran pantalla de LEDs que reproduce imágenes de las cápsulas de datos a baja resolución (los artistas justifican esta decisión indicando que, de esta manera, la imagen sólo se percibe en la distancia). Este contenedor permite además alojar los restos mortales de un “piloto” en un objeto que contiene sus cenizas y sustituye a uno de los píxels de la pantalla.

Mision Sarcophagus

Con estos elementos principales, etoy realiza una serie de eventos artísticos, como son la exposición itinerante del M∞ SARCOPHAGUS, performances como  M∞ TAMATAR, en la que una serie de objetos reaccionan a los datos de un “piloto” concreto, o el taller  M∞ STOWAWAY, en el que los participantes pueden crear mini-cápsulas Arcanum de 32Mb con sus retratos digitales. El proyecto plantea así una reflexión sobre el papel de la memoria en nuestra sociedad global y saturada de información, así como la inevitable transitoriedad de nuestra existencia, a la que se enfrenta nuestro deseo de inmortalidad, del cual la mayor expresión es sin duda el arte. Pero también hace visible la manera en que se conserva la memoria colectiva, convertida en este caso en una red P2P de personas que ceden una parte de su memoria individual (la del disco duro de su ordenador) a un conjunto de datos compartidos.

Según afirma Vilém Flusser, la información se conserva por medio de la copia, un proceso sujeto a errores, algunos de los cuales permiten la evolución:

“la biomasa procesa la información almacenada en ella como resultado de un proceso de copia defectuoso, que por tanto genera nueva información” [1].

La memoria cultural se procesa del mismo modo, si bien como ejemplifica el proyecto de etoy el almacenamiento de datos está modificando este proceso. Flusser indica además que, al pasar información a las generaciones posteriores, negamos doblemente a la naturaleza: en primer lugar, al contradecir la segunda ley de la termodinámica, que afirma que en la naturaleza toda información tiene propensión a ser olvidada; en segundo lugar, la ley de Mendel, que afirma que la información adquirida por un organismo no puede ser transferida al siguiente. Ante esto, en opinión de Flusser, la información almacenada no tiene más remedio que volver progresivamente hacia la entropía. El teórico indica en este sentido que, a medida que los ordenadores nos permiten dejar de lado la necesidad de memorizar, nuestras habilidades tendrán que dirigirse hacia el aprendizaje de nuevas maneras de conservar, recuperar y actualizar datos de forma eficiente. Si la memoria se compone de datos, la herencia supone la transmisión de una serie de datos de una generación a otra. Como señala Hans Moravec:

“Los seres humanos tienen dos formas de herencia, una la biológica tradicional, que se transmite en cadenas de ADN, la otra cultural, que se transmite de mente en mente por medio de ejemplos, lenguajes, libros y recientemente máquinas. Actualmente las dos están inextricablemente vinculadas, pero la parte cultural está evolucionando muy rápidamente, y poco a poco va asumiendo funciones que antaño eran asumidas por nuestra biología. En términos de contenido de información, nuestro lado cultural es ya, con mucho, la mayor parte de nosotros.” [2]

En relación con las palabras de Moravec, el proyecto de etoy sugiere la posibilidad de la transcendencia de nuestra herencia cultural, dentro del contexto limitado de la cápsula Arcanum y librada a la entropía que se puede generar en una red P2P. Este tipo de existencia también nos recuerda una condición actual de nuestra condición como seres vivos ligados perpetuamente a la red de datos que empleamos y nutrimos a diario. Alexander Galloway señala al respecto que actualmente no podemos escapar a nuestra presencia en la Red ni desconectarnos efectivamente de ella:

“La expectativa es que uno está conectado o no. […] El estado en la Red no permite ambigüedades técnicas […] Una manera de arreglar esta ambigüedad es estar «siempre conectado», incluso cuando uno está durmiendo, en el baño o inconsciente. Todos los discursos oficiales de la Red requieren que uno esté conectado y disponible o desconectado y aún así disponible.” [3]

Esta continua (y forzada) presencia en la Red puede ser en definitiva una de las formas en las que todos los usuarios de Internet pasaremos a la posteridad, por medio de los datos que se conservarán en los servidores de las empresas de la Web 2.0. Si bien etoy afirma que su proyecto trata acerca de la memoria y no de la vida más allá de la muerte, no podemos evitar pensar en esta existencia digital como una forma de vida artificial. Tal vez en un futuro, los datos que hemos generado en la Red puedan combinarse con un programa de Inteligencia Artificial para crear una “construcción” de nuestro ser, como el ciber-cowboy McCoy Pauley, un hacker cuya memoria se conserva en un disco duro en el universo de la novela Neuromancer de William Gibson. Este personaje ejemplifica una forma de vida artificial después de la muerte que conecta con el proyecto de etoy. Con todo, en la novela McCoy Pauley le pide al protagonista del relato que, una vez concluida su tarea, borre todos sus datos y le libre así de una existencia fantasmal.

Notas:

[1] Vilém Flusser, “Memories”, en: Timothy Druckrey (ed.) Ars Electronica. Facing the Future. Cambridge-London: The MIT Press, 1999, 202.

[2] Hans Moravec, “The Universal Robot”, in Timothy Druckrey (ed.) Ars Electronica. Facing the Future. Cambridge-London: The MIT Press, 1999, 122.

[3] Alexander R. Galloway, The Exploit. A Theory of Networks. Minneapolis: University of Minnesotta Press, 2007, 126.