Posted by on Jun 21, 2013 in Convocatoria, Noticia | 0 comments

 

Nell Tenhaaf es artista de medios electrónicos y escritora. En sus obras ha cuestionado el principal discurso biológico y biotecnológico del ADN, y se ha propuesto representar las complejas dinámicas de la vida. Ha sido presidenta del jurado del Concurso Internacional Arte y Vida Artificial desde su creación. Tenhaaf también es profesora del Departamento de Artes Visuales de la Universidad de York en Toronto (Canadá).

 

Cuenta usted con una amplia experiencia como miembro del jurado del Concurso VIDA. Desde su punto de vista, ¿cómo ha evolucionado VIDA en los últimos quince años?

Es cierto, ¡de las quince ediciones de VIDA tan solo he estado ausente un año! Yo diría que el concurso ha gozado de estabilidad durante un período de tiempo prolongado, en el sentido de que no se han producido cambios radicales ni se han introducido maneras nuevas que obligaran a replantear la competición. Lo que ha ocurrido es que gradualmente nuestra perspectiva se ha ido abriendo a la biología (un término que utilizo en su sentido más amplio) al tener en cuenta proyectos híbridos, es decir, proyectos que combinan un determinado «hardware» con un componente verde. Esto empezó a suceder hace unos ocho años. En este ámbito los artistas han trabajado con plantas y con criaturas vivas desde hace mucho tiempo, pero fue la incorporación de Mónica Bello lo que nos hizo empezar a interesarnos por el trabajo que se realiza en Europa y en áreas de investigación como la biología sintética (un término que por cierto es bastante complicado de definir correctamente). En VIDA 10.0 el segundo premio correspondió a Oron Catts y Ionat Zurr, cuyo trabajo (centrado no en la biología sintética sino en el cultivo de tejidos) es un buen ejemplo de la apertura del concurso hacia áreas nuevas.

En este sentido, los miembros del jurado de VIDA siempre se han enfrentado a las cuestiones complejas y estimulantes propias de esta intersección entre la investigación científica y la artística. Asistimos a la aparición y la evolución de nuevas áreas de conocimiento y de términos, como la «biología ejecutable», que hace referencia a la creación de algoritmos que, en cierto modo, generarán formas biológicas. Por lo tanto, debemos conservar esa mentalidad abierta. Aunque, por supuesto, VIDA no es el único frente abierto ya que el nuestro es un campo muy activo. Hemos tenido que aceptar solapamientos con otros festivales, si bien conservamos algo muy específico de nuestro concurso.

 

Aunque aborda el concepto de «vida», que está relacionado con la biología, VIDA también se ocupa de la tecnología y, en consecuencia, del arte de los nuevos medios.

En efecto. De hecho, uno de los motivos por los que seguimos unidos al arte de los nuevos medios es que ya cuenta con cierto reconocimiento en el mundo artístico. Esto es importante, ya que opino que no deberíamos limitarnos a generar nuestro propio campo separado del resto y además, resulta obvio que todos los artistas quieren formar parte del mundo del arte, para exponer su obra en los grandes museos. Aunque el arte de los nuevos medios mantiene una relación muy polémica con el mundo del arte, por lo menos esa relación existe. Resultaría demasiado problemático tratar de crear un nuevo ámbito para estas obras. Pero por otra parte, yo diría que siempre nos hemos movido en los límites de este mundo del arte de los nuevos medios. Creo que Fundación Telefónica había esperado que el jurado seleccionara obras más relacionadas con la tecnología, y en ese sentido es posible que les escandalicemos cuando premiemos obras relacionadas con la biología sintética. Debido a que el arte de los nuevos medios está asociado con la tecnología que utilizamos a diario, tenemos la sensación de que resulta más fácil de comprender que estos sofisticados proyectos que combinan tecnología de laboratorio y componentes verdes. Por tanto, es todo un desafío explorar el papel que desempeñarán este tipo de proyectos, y todo el mundo parece encontrarse en el mismo estado de confusión por este motivo. En ese sentido, vivimos momentos interesantes.

Nell-Tenhaaf-WinWin

¿Diría usted, entonces, que los proyectos de arte y biología son más difíciles de comprender que el arte de los nuevos medios?

Bueno, en cierto modo estos proyectos habitualmente son interpretados desde un punto de vista sociocultural, o bien como el trabajo de rebeldes que se ocupan de su propia ciencia. También es cierto que desarrollan su actividad de una manera un tanto extraña: te dicen qué estás contemplando, pero muchas veces no sabes de qué se trata realmente. Este «mutismo» de la obra de arte conlleva el hecho de que en torno suyo se generan una gran cantidad de significados. Normalmente no es habitual ir más allá de la interpretación del papel social de los artistas como científicos. Pero, al mismo tiempo, eso crea un vínculo muy directo entre el ámbito del arte y el de la ciencia. En VIDA, ese vínculo se renueva en cada edición: el perfil de la competición se traza de una manera ligeramente distinta dependiendo del grupo de jurados y los proyectos presentados. Así pues, nuestra postura nunca está plenamente definida, nos movemos en un espacio de búsqueda, como una sonda de exploración ciega, tratamos de reconocer el terreno a medida que se abre ante nosotros. En este sentido, VIDA es un sistema emergente propio.

 

Si tomamos el siguiente trío de factores: la contribución a la investigación científica, las cualidades estéticas como obra de arte y, finalmente, la correspondencia entre la idea y el resultado, ¿cómo cree que influyen en las decisiones del jurado?

Yo diría que el aspecto científico probablemente es el menos importante de los tres. Sin embargo, a veces adquiere protagonismo, como en el caso del trabajo de Marguerite Humeau Back, here, below, formidable [the rebith of prehistoric creatures] (mención especial en VIDA 13.2). En ocasiones, varios proyectos artísticos comparten la misma área de investigación; por ejemplo, el autómata celular es un tema recurrente, recuerdo que hemos tenido en torno a una docena de proyectos así. En estos casos, si por ejemplo alguien hace referencia a Rule 30, no hace falta verificar los antecedentes de su investigación. No obstante, al mismo tiempo siempre hay algo nuevo que aprender. Hay que señalar que no todos los componentes del jurado son científicos, por lo que en él coexisten distintos tipos de conocimientos, los suficientes para comprender los fundamentos del territorio de la vida artificial, que puede resultar muy especializado y complejo.

En cuanto al aspecto estético, sencillamente yo diría que la obra debe parecer «correcta», tienes que poder decir: «Sí, funciona».  En términos de estética se producen algunas situaciones de controversia. A veces podemos tener un miembro del jurado muy afín al mundo del arte, y habitualmente los profesionales de ese ámbito quieren que la obra resulte evidente, en el sentido de que pueda ser explicada con facilidad, que sea clara. Creo que los profesionales de los museos están sometidos a una enorme presión, derivada de la necesidad de explicar las cosas con rapidez. Sin embargo, en VIDA no pensamos de esa manera, a pesar de que es cierto que las obras van a ser expuestas. Aquí le damos importancia al contexto, ya que podemos exhibir trabajos complejos o que presentan un comportamiento emergente, pero cuya naturaleza particular puede explicarse en el contexto general.

Finalmente, yo vincularía la correspondencia existente entre la idea y el resultado con la cuestión estética. Comprendemos las obras y redactamos los textos que se utilizan para explicarlas en las comunicaciones del Concurso VIDA. Nos interesa que las obras estén bien explicadas, y en última instancia también resulta fascinante poder trabajar con ese «mutismo» de la obra de arte al que me he referido anteriormente.

 

La primera edición del concurso se tituló VIDA 2.0, remitiendo a la idea de que la vida artificial podría considerarse una versión «actualizada» de la vida. ¿Cree que esa idea todavía tiene vigencia?

La idea de la vida artificial como «vida que podría ser» sigue siendo válida para la biología sintética, es un concepto con plena vigencia. No obstante, yo diría que más bien consiste en un despliegue: no se trata de crear unos fragmentos de vida, sino de explorar las relaciones que tenemos con lo que quiera que pueda ser, un BioBrick o una entidad robótica. En este sentido, personalmente considero que la fortaleza esencial de nuestro ámbito es trabajar en esas relaciones y olvidarnos de «cuestiones de ciencia ficción», como por ejemplo si vamos a construir un robot que no pueda ser distinguido de los seres humanos y asuntos por el estilo. Esto realmente no importa, puesto que ya tenemos muchas cosas con las que debemos negociar, cosas que ya están presentes en nuestro mundo. Las obras de arte que se presentan a VIDA constituyen una manera de aprender sobre esas negociaciones y de disfrutarlas.

Entonces, ¿contribuyen esas obras a una mejor comprensión de la investigación científica?

Me parece que en ese sentido son bastante flexibles. No creo que un proyecto artístico pueda ofrecer una comprensión profunda de la investigación científica a la que remite, pero en última instancia se produce un efecto de filtración desde la investigación hasta el arte y la vida cotidiana. En general, los artistas se encuentran en vanguardia, pueden ver adónde va a conducirnos la investigación científica. Por supuesto, no estoy hablando de la típica predicción de ciencia ficción, sino sobre los intereses de las personas a las que les gusta la ciencia.

Por otra parte, hay que señalar que los científicos también se interesan por el arte y la cultura, que no les agrada ser considerados personas de miras estrechas y que buscan tender puentes y establecer conexiones. Recuerdo que, hace treinta años, como artista en un laboratorio científico, me sentía como un bicho raro. Pero ahora la vida artificial ha contribuido a extender la idea de que existe un tipo de ciencia diferente y también una manera distinta de relacionarse con otros campos de conocimiento. Así que la ciencia no se limita a estar ahí con su vozarrón autoritario, sino que se produce algo parecido a una conversación.

 

En una ocasión usted afirmó que «existe una línea que no se puede cruzar entre el método científico de estudio del mundo real y material (…) y la invención por parte del artista de un mundo material metafórico mediante técnicas de representación y de interpretación». ¿No es cierto que algunos proyectos artísticos han cruzado esa línea? ¿Puede un proyecto artístico tener relevancia como investigación científica?

No era mi intención parecer autoritaria con esa afirmación. De hecho, soy una entusiasta de la ciencia DIY («hágalo usted mismo»), pero también opino que no forma parte de la gran ciencia, del tipo de investigación científica que aparece en las publicaciones revisadas por expertos y que realiza una contribución en su complejo campo de conocimiento. Así pues, aunque existe una «conversación» como acabo de decir, sigue existiendo una distinción nítida. La conversación puede generar mucha proximidad, pero después cada persona (científico o artista) regresa a su propio campo. Creo que por ambas partes el planteamiento de la cuestión puede resultar una contribución novedosa, por lo que pueden plantear una cuestión o un desafío técnico y después cada una de ellas puede utilizar su propio método para resolver dicha cuestión.

 

Hablando de replantear la cuestión: ¿pueden el arte y la investigación sobre vida artificial contribuir a una visión menos antropocéntrica del mundo?

Sí, yo creo que la percepción del otro nos acorrala porque entendemos demasiado bien lo diferentes que somos de cualquier otra entidad ajena a nosotros. Tendemos a proyectar en exceso. Esa es nuestra historia, pero opino que debemos superarla. Tendemos a humanizarlo todo sin pensarlo, de manera que es importante que profundicemos en ello y que nos preguntemos cuál es exactamente la dinámica de este proceso. ¿Ocurre lo mismo si lo aplicamos a un perro, a un robot o a un virus? Para nosotros es muy difícil reconocer que hay un otro, alguien que no es como nosotros, que no lo va a ser y que no tiene por qué serlo. Me parece mucho más interesante aprender a comprender y a respetar la relación que tenemos con todo lo que no pertenece a nuestra especie.

 

El arte con vida artificial maneja ideas complejas pero también una tecnología sofisticada que únicamente puede encontrarse en un laboratorio científico. El arte de los nuevos medios ha evolucionado rápidamente a medida que la tecnología se ha vuelto más asequible y más fácil de usar. ¿Cree usted que puede suceder lo mismo con los recursos necesarios para desarrollar una obra de arte de vida artificial?

Según mi experiencia, es estupendo tener la posibilidad de trabajar en un proyecto que no necesita los recursos de un gran laboratorio de investigación. Los artistas que trabajan en el contexto universitario siempre soportan la presión de participar en proyectos grandes y ambiciosos con un amplio equipo de colaboradores. Pero muchos de esos artistas prefieren desarrollar sus propios proyectos con menos recursos y sin las complicaciones que éstos acarrean. En este sentido, la ética del código abierto resulta muy interesante para los artistas porque ofrece la posibilidad de trabajar sin la necesidad de contar con una gran infraestructura. Los BioBricks son un ejemplo de esto, aunque siempre se necesita un experto para trabajar con ellos. No obstante, son menos complejos y muchos científicos también están interesados en tomar parte en proyectos artísticos porque realzan su trabajo. En ese sentido, creo que el artista debe tomar la decisión de hasta dónde quiere llegar en el laboratorio, hasta dónde quiere que llegue su investigación.

La obra de Tuur van Balen (primer premio en VIDA 14.0) es un buen ejemplo, ya que versa más sobre el despliegue de la idea del Biobrick que sobre construir uno realmente. No estoy segura de si el BioBrick será desarrollado más ampliamente en otros proyectos, pero al menos está más disponible que otras investigaciones extremadamente dependientes de un laboratorio, como las paredes celulares artificiales. Además tenemos el cultivo de tejidos y experimentos transgénicos, como por ejemplo en el trabajo de Eduardo Kac (mención especial en VIDA 3.0), y otros enfoques como el de Art Orienté Objet’s May The Horse Live in Me, (tercer premio en VIDA 14.0), que en mi opinión está más relacionado con el ámbito médico. Por último, en los próximos años probablemente podría desarrollarse la robótica, aunque no es mucho lo que hemos visto hasta ahora. Existen, por tanto, diferentes recursos y enfoques, pero es demasiado pronto para indicar cómo evolucionarán en el futuro.