Posted by on Jun 4, 2014 in + VIDA, Noticia | 0 comments

Agnes Meyer Brandis, by Ulla Taipale.

Agnes Meyer Brandis, by Ulla Taipale.

Agnes Meyer-Brandis ha desarrollado su investigación artística en los límites entre la ficción y la ciencia, explorando tanto el suelo que se encuentra bajo nuestros pies como el cielo que se extiende sobre nosotros. Ha sido galardonada con el segundo premio del concurso VIDA 15.0 por el proyecto Moon Goose Analogue: Lunar Migration Bird Facility (Analogía de los Gansos Lunares: Instalación Lunar de Migración de Aves), un proyecto que se inspira en la novela El hombre en la luna, de Francis Godwin. La artista explora la posibilidad de entrenar a gansos modernos para convertirlos en «gansos lunares», capaces de transportar a una persona a la Luna (tal y como se describía en el relato fantástico de Godwin), a través de una serie de complejos experimentos que, en última instancia, inspiran una reflexión sobre el papel que juega la imaginación en nuestro modo de entender el mundo.

 

Usted afirmó que su objetivo es «combinar elementos reales y ficticios utilizando métodos científicos, fantasía artística y “tecnologías innovadoras”». ¿Cuánto de ciencia y cuánto de fantasía hay en su obra? ¿Se trata de una investigación científica sobre una cuestión imaginaria o más bien de una ficción artística disfrazada de investigación científica?

Ni lo uno, ni lo otro. Se trata de ciencia subjetiva y arte. Yo lo llamo «ciencia subjetiva», pero también depende de usted lo que pueda ser. La ciencia subjetiva puede ser ambas cosas al mismo tiempo: poesía, pero también investigación. Y no necesita pruebas. No necesito repetir mis experimentos para demostrarlos, solo necesito confiar en la percepción sensorial que tuve y dar el siguiente paso. Otro aspecto de la ciencia subjetiva es que en ella todo se puede combinar,haciendo conexiones muy lógicas pero también muy ilógicas, o haciendo conexiones imaginativas que pueden crear nuevas realidades muy específicas, pertinaces o extravagantes.

En el marco de mi trabajo he tenido la oportunidad de hablar con un gran número de científicos. Por ejemplo, recuerdo una conversación que mantuve el verano pasado, cuando era artista residente en la estación científica del bosque de Hyytiälä (Finlandia), con un grupo de científicos sobre la recopilación y el uso de datos. Les pregunté sobre la subjetividad de sus investigaciones: ¿dónde se esconde el momento subjetivo de la ciencia? Y resulta muy interesante ver cómo la ciencia subjetiva también puede darse y, de hecho, se da cuando estos momentos subjetivos surgen a la hora de interpretar los datos.

En lo que respecta a la ficción, me interesa lo real, por lo que los experimentos que hago los ejecuto realmente. Son auténticos en el sentido de que dedico todo el tiempo que describo en el proyecto a llevar a cabo la investigación. De lo contrario no evolucionaría de la misma manera y, además, para mí es aburrido hacer una instalación falsa o contar algo que no es cierto. Yo vivo y desarrollo estos experimentos. Gran parte de lo que hago no es visible a primera vista en la presentación final, pero creo que las áreas de trabajo, el contexto y la investigación están presentes indirectamente en la instalación, en forma de calidad.

 

Usted ha creado la Research Raft for Subterranean Reefology (Plataforma de investigación de arrecifología subterránea), que se ha convertido en el Institute for Art and Subjective Science (FF) (Instituto de arte y ciencia subjetiva) y en el Laboratory of Applied Falling (LAF) (Laboratorio de caída aplicada). ¿Por qué es importante para usted la imagen de un instituto de investigación? ¿Qué dice eso de su trabajo?

Al principio, la plataforma de investigación era un método y un marco, una base para todos mis proyectos. En cierto modo, era como una plataforma en la que convergían tanto los diferentes proyectos, como distintos enfoques de otras personas, por lo que se convirtió en una construcción abierta de confluencia para los distintos enfoques. Todo esto ocurrió hace unos 10 años. También era una forma de encontrar un lugar para mi obra artística. Hay que tener en cuenta que, en esa época, la combinación entre el arte y la ciencia era más bien un fenómeno marginal, no estaba tan presente como lo está hoy en día. Pero ahora, después de 10 años de intenso trabajo y con el desarrollo y la expansión del objetivo de mi investigación, el nombre inicial parece demasiado limitado… Por eso se llama Instituto de plataforma de investigación de arte y ciencia subjetiva (Research Raft Institute for Art and Subjective Science). Es más adecuado para los diferentes departamentos y líneas de investigación. Se trata de una especie de «metainstalación», una plataforma para que todos esos universos distintos puedan confluir. Por una parte es orden y, por otra, caos.

 

¿Cuál ha sido la reacción de los científicos en las distintas presentaciones de su obra , por ejemplo en Porto Alegre? A menudo trabaja con científicos, ¿qué implica esa relación? ¿Qué es lo que espera de ellos y qué esperan ellos de usted?

Hasta ahora he tenido muchas experiencias muy positivas. Pero, para mí, tener una respuesta positiva por parte de los científicos no es tan importante; no solo tengo contacto con los científicos, sino también con gente de otras disciplinas. En realidad depende del proyecto y, al final, es una cuestión de lo curioso que se sea: de si puedes hablar con alguien o no, o de si tienes una conversación interesante o no. Cuando me acerco a alguien con quien me gustaría trabajar, esa persona me interesa por un área o campo de conocimiento muy específico sobre el que también estoy trabajando, por lo que existe una base y un interés comunes. Puesto que no pretendo burlarme de ningún tipo de investigación científica, no hay nada que ellos puedan temer. Me tomo mi trabajo muy en serio y ellos se toman su trabajo muy en serio, de modo que existe un respeto recíproco.

¿Piensa, como Roger Malina dijo una vez, que el arte puede «cambiar la dirección y la metodología de la ciencia»?

Yo diría que el arte no solo puede cambiar la ciencia, sino la vida misma. Trata sobre todas las cosas.

En lo que respecta a la influencia que un artista puede ejercer sobre la investigación científica, diría que esta no se ve muy directamente reflejada en su trabajo. Mientras que puede verse más o menos con claridad que una determinada investigación o teoría científica ha influido en la obra de un artista, esto apenas ocurre a la inversa. Pero, por supuesto, creo que existe una influencia que no es visible directamente.

Respecto a la colaboración entre artistas y científicos, creo en estructuras que crecen por sí mismas. No basta con meter a un artista y a un científico en la misma habitación y pedirles que hagan algo bonito juntos. Debe surgir de una convicción interior y de un interés compartido y evolucionar con naturalidad. En ese caso, puede crearse una buena colaboración.

 

En el año 2007 desarrolló el proyecto Cloud Core Scanner (Escáner del núcleo de una nube) en colaboración con la Agencia Espacial Alemana. Aparentemente, esto desvió su atención del suelo que se encuentra bajo nuestros pies al cielo que se extiende sobre nosotros. ¿Qué fue lo que propulsó este cambio de dirección? ¿Cambió su metodología de trabajo en este nuevo contexto?

Después de trabajar en el campo de la investigación subterránea durante varios años, el Cloud Core Scanner fue el primer proyecto que llevé a cabo en la dirección opuesta, por decirlo así, pero en realidad, mi visión hacia el espacio se inspiró en mi experiencia bajo tierra. Mi viaje al espacio comenzó en las profundidades, en una perforación en el hielo que tenía una profundidad de 1200 metros. Cuando se introduce una sonda en una perforación en el hielo de la Antártida de una profundidad de unos 1000 metros, a pesar de que todo sea hielo, a esa profundidad todo está oscuro como la boca de un lobo. Lo único que se ve es la zona que la pequeña luz de la sonda puede iluminar. Y a continuación, cuando la sonda se desplaza a través de la perforación, en esa oscuridad pueden verse pasar horizontes de hielo, detritos atrapados en el hielo o rocas congeladas. Todo eso pasa a tu alrededor y, realmente, es como mirar al espacio, como ver pasar un cometa, y las rocas, atrapadas en ese hielo transparente, parece que fueran ingrávidas. Así es como ese profundo agujero desató mi interés por el espacio. Desde ese momento empecé a investigar paralelismos entre las profundidades y las grades alturas. Y es interesante, porque resulta que hay muchas.

El Moon Goose Experiment comenzó como un viaje de aventura a Siberia y ha evolucionado hacia un complejo proyecto multifacético. ¿Cómo se desarrolló esta idea? ¿Seguirá trabajando en ella?

Cuando estaba preparando mi experimento sobre la ingravidez, el proyecto Cloud Core Scanner, me topé con el libro de Francis Godwin, ya que fue el primer autor que describió el fenómeno de la ingravidez. Desde ese momento, la idea estuvo dando vueltas en mi cabeza hasta que, un año después, llevé a cabo el primer experimento. Observé los gansos lunares durante el eclipse solar total en Novosibirsk, y esa experiencia fue la que me llevó a desarrollar el resto del proyecto. Pero el libro también fue una fuente de inspiración impresionante. Es sorprendente lo cerca que está su descripción de la ingravidez de lo que sabemos actualmente, y en una época en la que nadie lo había experimentado. Así que, mientras leía el libro, me preguntaba: ¿Qué les ha pasado a los Gansos Lunares en el siglo XXI? ¿Aún existen? ¿Todavía pueden volar? ¿Alguna vez llegaron a volar? ¿Siguen recordando sus patrones migratorios? ¿Los llevan en los genes? Con el objetivo de encontrar respuestas a mis preguntas, comencé a criar mi propia Colonia de Gansos Lunares.

El proyecto tiene un final abierto: mientras los gansos vivan, el proyecto continuará, y un ganso puede vivir entre 20 y 80 años, y esta variedad en concreto puede llegar a los 100 años de edad. Así que se trata de un proyecto a bastante largo plazo. Estos gansos viven actualmente en una granja en Italia, pero estamos pensando en algún otro tipo de hábitat a largo plazo para ellos, quizá algo que, al mismo tiempo, sea una escultura. Respecto a su actividad, el primer vuelo no tripulado está previsto para el año 2027; y el primer vuelo tripulado, para el 2036, pero ya veremos cómo evoluciona el proyecto y esperemos que ningún zorro localice esta granja de gansos.

 

En Moon Goose ha trabajado por primera vez con animales realmente vivos. ¿Cómo ha sido esta experiencia con los gansos? ¿Ha sido muy diferente a otros proyectos?

 Los Gansos Lunares son unos colaboradores bastante excéntricos. Por una parte tienes más responsabilidad y, por otra, menos control y debes encontrar nuevas formas de comunicación. Ha sido la primera vez que he trabajado tan estrechamente con animales vivos. El lado positivo ha sido que ya han multiplicado su número, han nacido nuevos ansarinos lunares en Italia, así que la colonia está creciendo y la Luna está cada vez está más cerca.

 

Su trabajo procede de un largo proceso, a menudo muy concienzudo, en el que la investigación de campo es importante. Pero, al final, prefiere presentar su proyecto en el contexto de una exposición o representación. ¿Cómo «traduce» su obra de un contexto a otro?

Evidentemente, es muy importante tener un formato de salida o de presentación, que es más o menos difícil de encontrar. Para el experimento sobre la ingravidez fue muy difícil encontrar un formato de presentación, puesto que no podía simular la ingravidez en la Tierra. No podía recrear esta realidad de ninguna manera, ya que se encuentra muy lejos. Por este motivo desarrollé dos formatos: uno es el formato Wanderkino (cine ambulante), que se basa en los eruditos de la Edad Media, que deambulaban de un lugar a otro contando historias sobre realidades remotas con la ayuda de herramientas que construían ellos mismos y de la narración. En el Wanderkino que yo desarrollé, esta realidad sigue siendo remota, pero la combinación de mis propias herramientas, los experimentos sobre el escenario y la narración, la acercaron un poco al público. El otro formato proporciona al espectador una experiencia práctica, de modo que la realidad resulta más cercana y presente.

El formato de presentación para Moon Goose surgió de una forma muy natural. Rodé una película documentando mi trabajo de campo y luego diseñé la sala de control, ya que no quiero viajar con los gansos. Tanto la sala de control como la idea de establecer una conexión en directo con la granja italiana provienen de mi voluntad de mantener a los gansos en un entorno propio carente de público, donde puedan llevar una vida tranquila y disfrutar, mientras que es la sala de control la que viaja a los diferentes espacios de exposición.

 

La presentación de su proyecto a menudo implica la participación del público. ¿Qué aporta esta interacción a la finalización de cada trabajo?

En algunas instalaciones, la participación del público completa la obra. El visitante finaliza el trabajo al experimentarlo y a través de la acción de búsqueda. Mi trabajo consiste principalmente en buscar y encontrar, y en la satisfacción del descubrimiento. Por lo tanto, para mí es importante que el espectador experimente mis instalaciones, especialmente cuando estas propician una situación contradictoria respecto a lo que todos conocemos o creemos conocer. Pero, después de experimentarlas, empiezan a cuestionarse lo que saben o aquello en lo que creen.

 

En su trabajo aborda lo fantástico y lo desconocido a través de métodos científicos. ¿Cómo definiría la vida artificial?

 La vida artificial es la vida de la imaginación y no es ni real, ni irreal.