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VIDA cumple hoy quince años. El rumbo emprendido en 1999 por Fundación Telefónica al inaugurar el concurso se considera actualmente un hito en la historia del arte tecnológico. La iniciativa de un grupo de artistas pioneros – Nell Tenhaaf, Susie Ramsay y Rafael Lozano-Hemmer – cuya visión fue detectar el interés de la investigación que unía arte y vida, se ha convertido en un marco de referencia para la comprensión de las prácticas artísticas contemporáneas.

La historia de la ciencia y de la técnica se traza desde una óptica común al arte: la de la exploración y la creatividad. En una sociedad cautivada por el avance tecnológico, en la que los parámetros con los que reconocer nuestro entorno se sustituyen rápidamente por otros más nuevos y recientes, es preciso contar con propuestas audaces que registren nuestra relación cambiante con el entorno. En particular, la ciencia de la vida y su constante redefinición, se muestra en la actualidad, y de un modo evidente, como uno de los más poderosos estímulos para la cultura contemporánea. El papel que juega el artista en estas dinámicas se valora como esencial para mostrar, desvelar y reflexionar acerca de la organización de la vida y su variabilidad.

VIDA Concurso Internacional de Arte y Vida Artificial se dirige a artistas cuyo interés se orienta a explorar nuevos modos de encapsular la vida y sus propiedades, expresados a través de artefactos artísticos desarrollados con tecnologías avanzadas.

En este contexto, el artista adopta el rol de investigador de unos patrones que podemos juzgar como inéditos. Los avances en ingenierías informáticas, de telecomunicaciones, de materiales o de biotecnología marcan profundamente la condición de estos desarrollos artísticos. Durante quince ediciones VIDA ha premiado a estos creadores, en cuyas obras se reconocen algunos de los enfoques de innovación tecnocientífica más significativos de nuestra época.

Desde su origen VIDA ha elegido un ámbito específico de la creación: el arte y la vida artificial. Como disciplina surge en la década de los ochenta, de la mano de un grupo de científicos reunidos en el Instituto Santa Fe de California. VIDA continuó durante años la estela del encuentro, sin embargo, el premio ha querido siempre preservar lo heterogéneo del arte, la libertad del creador, y potenciar así el límite difuso y ambiguo entre ámbitos y disciplinas. En este sentido, el marco discursivo de la vida artificial ha ofrecido la oportunidad de concebir la obra de arte como un mecanismo que varía, que evoluciona y que se adapta al espacio en el que se encuentra.

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VIDA ha sabido en cada nueva edición destacar las tendencias más novedosas en vida artificial, demostrando así la capacidad de los artistas para asumir los nuevos debates. Robots, avatares, virus informáticos, autómatas celulares, espacios inmersivos o de realidad aumentada fueron durante años los temas predominantes de las obras premiadas. En la actualidad destacan los discursos que exploran nuevos modos de abordar las cualidades de la vida que, sin dejar de lado las simulaciones informáticas propias de la disciplina, adoptan otras ópticas que, de un modo amplio, se expresan a través de estrategias de pseudo-ficción o reproduciendo escenarios críticos que ponen de relieve nuestra concepción de los sistemas vivos y su organización.

Uno de los logros de VIDA ha sido el saber trasladar al público los debates que surgen de un arte próximo a la ciencia, al pensamiento y las formas más notorias de trascender categorías y que surgen del enfoque de la multidisciplinariedad.

Uno de los objetivos de VIDA ha sido siempre ofrecer espacios de exposición para dar visibilidad a los proyectos premiados ante un público amplio. Los premios VIDA tuvieron durante años su cita anual en ARCO, la feria de arte madrileña en la que VIDA ofrecía un tipo de arte que apenas tenía cabida en las salas de arte contemporáneo de ese momento. Fue sin duda una apuesta arriesgada que Fundación Telefónica asumió con éxito, distinguiéndose por su carácter de un arte más próximo a lo tecnológico y a lo social. Daniel Canogar, director del certamen tras Rafael Lozano-Hemmer, valoró la presencia de VIDA en la feria como una clave esencial para la difusión del premio al público general, no tan solo a aquel formado por galeristas, coleccionistas o expertos, sino por el grueso de visitantes de la feria que no pertenecían propiamente al ámbito.

En 2009, con motivo del décimo aniversario, se consideró la posibilidad de trasladar la exposición anual de los premios a la ciudad, conmemorando los diez años con la Gala VIDA y la exposición en los pabellones recién inaugurados de Matadero Madrid. De este encuentro histórico el público recuerda la sublime instalación Hylozoic Soil del canadiense Phil Beesley, el espacio formado por Performative Ecologies de Ruairi Glynn, o los pájaros de Sixteen Birds del artista Chico MacMurtrie, entre otros.

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Se aprovechó igualmente el décimo aniversario de VIDA para anunciar novedades importantes en el premio. Por un lado, se duplicó la dotación económica, de modo que de los 40.000 euros que se distribuían se pasó a un total de 80.000 euros en premios. Y por otra parte, se pusieron en marcha una serie de talleres con artistas premiados en Latinoamérica, con el objetivo de complementar el premio Incentivos a la Producción, que ponía un acento especial en la promoción del arte y la vida artificial en estos países.

La importancia que el premio ha tenido en Latinoamérica, a través de una modalidad que facilita los recursos necesarios para nuevas producciones, es significativa pues se ha constatado posteriormente con el gran aumento de proyectos finalizados que se reciben de estos países. Jose Carlos Mariátegui, miembro del jurado de VIDA durante varias ediciones, ha definido la trascendencia de las investigaciones artísticas en Latinoamérica por su capacidad para incorporar la vida artificial en un registro propio determinado por los contextos socio-culturales.

En 2012, con motivo de la inauguración del Espacio Fundación Telefónica, VIDA celebró la primera gran retrospectiva.

VIDA 1999-2012 fue una exposición que ilustró la trayectoria pionera del premio. Karin Ohlenschlaeger, comisaria de la muestra, elaboró su tesis sobre algunas cuestiones fundamentales que muestra el sentir filosófico de VIDA: “¿qué es la vida?, ¿cómo es y cómo podría llegar a ser?, o ¿cómo influyen los avances científicos y tecnológicos en nuestro modo de entender o modificar la vida?”. Estas preguntas conforman el nexo de unión entre las obras premiadas en VIDA y de la selección de proyectos en la exhibición.

Fundación Telefónica quiere expresar, a través de la celebración del quince aniversario de VIDA, la consolidación global de un premio que se distingue por ser único en su ámbito. El premio ha conseguido a lo largo de este tiempo promover un arte de vanguardia que emplea las tecnologías más avanzadas y el conocimiento científico más reciente, asumiendo un rol de catalizador para su difusión y alentando la aparición de nuevos discursos.

Al mismo tiempo, su trayectoria y evolución, sensible a los nuevos códigos, medios e innovaciones en el terreno del arte más experimental, le convierte en una referencia internacional en un campo del arte que precisa de escenarios sólidos de reflexión y debate. VIDA se afianza hoy como una plataforma extraordinaria desde la que observar el nuevo arte emergente que reúne en una única visión arte, ciencia, tecnología y sociedad. El quince aniversario de VIDA es una ocasión especial para invitar al público a conocer y explorar un tipo de prácticas artísticas que animan a imaginar el presente y el futuro de la vida, del arte y del conocimiento.

 

Mónica Bello
Directora Artística de VIDA